[Eriol T. Harlaown] El anime y las creencias religiosas: ¿Alguna vez se llevarán bien?

Alguna vez había que hacer mención de esta temática. A la larga son cientos de historias las que transcurren respecto a la animación japonesa y su impacto en la vida cotidiana, cifra que aumenta si agregáramos dentro de este universo a los mangas y los videojuegos, ahí la cifra se eleva en demasía.

Sin embargo, hay situaciones que han pasado a ser memorables producto que han derivado en una resolución que llega a ser cómica o incluso trágica. Para contextualizar, todo ese universo que nos gusta proveniente del otro lado de nuestro planeta, en nuestras tierras no siempre ha sido bien mirado por grupos de personas que siguen una creencia más allá de lo humano, algo que trasciende del hombre hacia un ser superior quién se alza como un padre creador de todo lo que vemos en nuestra cotidianidad.

Tal vez esta columna sea una segunda parte de lo mencionado la última vez que escribí en este blog, en donde destaqué el papel de los medios de comunicación dentro de nuestro entretenimiento favorito. Algunos al ver el título de este escrito se les vendrá a la mente un sinfín de sucesos y personajes famosos por predicar todo lo que está en contra de nuestro entretenimiento. Pero no todo dentro de esta relación es divorcio; alguna vez grandes creadores y productores han sabido llevar con maestría a la animación diversas historias provenientes de libros que son considerados como “sagrados” por las distintas culturas tanto del medio oriente como del mundo cristiano, e incluso, creencias que hace miles de años formaban parte de la forma de vida del hombre y que hoy en día son consideradas como paganas.  Hacer un recorrido de ello resultaría ser muy largo, pero aquí resumiremos como ha ido evolucionando esta relación con el paso del tiempo a partir de esa especie de “caza de brujas” de a fines de los noventa hasta nuestros días.

El anime en tierras del Islam

Hace algunos días atrás, una noticia fue muy comentada aquí en occidente y que involucra a una de las series animadas más conocidas dentro del espectro de anime en nuestras tierras, y más aún cuando esta serie se ha convertido en un icono de las infancias de muchos lectores acá. Doraemon, la exitosa franquicia creada por Fujiko Fujio esta cerca de sufrir un baneo de parte de parlamentarios del partido de centro “Tehreek-e-Insaf”, según por sus propias palabras, por producir un impacto negativo sobre los niños y conducirlos a una especie de “degradación moral”.

Para muchos, esto podría constituir claramente un ejemplo de visión adversa de la animación japonesa en un país mayoritariamente musulmán y que se repite con mucha frecuencia en estados de esa naturaleza. Sin embargo, ello dista mucho de esa realidad. En varios países del medio oriente la animación japonesa es altamente popular y principalmente la animación de las décadas del setenta y del ochenta. Inclusive, varias de las series animadas más clásicas difundidas en la televisión latina llegaron con masters provenientes del medio oriente.

Existe algo que demuestra muy claramente ese fanatismo de parte de las tierras islámicas respecto de la animación japonesa. En el año 2013, la productora Alter Ego Productions proveniente de los Emiratos Árabes Unidos produjo un corto animado original que lleva por título “Torkaizer”, producción claramente influenciada tanto en el diseño como en su historia en la animación de oriente.



Esto habla que en países en donde el islam es una religión con alta presencia en la sociedad el animé tiene cierta aceptación. Desde luego ello es extensible a países de la indochina donde la presencia religiosa de esa fe es tan amplia como son los casos de Indonesia o Malasia, en donde reciben la emisión del conocido canal de televisión Animax. Cabe agregar que diversas obras rescatadas del medio oriente principalmente inspiradas en el emblemático libro de “Las mil y una noches” han sido llevadas a la animación y una de ellas ha tenido repercusión recientemente como lo es el caso de la serie Magi, Simbad no Bouken.

El anime y la “resistencia” cristiana

Nadie duda del arrastre del anime en occidente. La masividad de los eventos relacionados con la cultura occidental y la atención sobre todas las novedades provenientes del otro lado del mundo son solo una muestra de cómo la animación japonesa ha ganado terreno tanto en Europa como en el continente americano.  Sin embargo, hay una especie de reticencia de parte de algunas comunidades religiosas que han llevado al extremo sus creencias con tal de satanizar todo aquello que de verdad no saben o simplemente desconocen.

A fines de los noventa, cuando el anime en nuestro continente se encontraba en todo su apogeo, un sinfín de información falsa respecto a las series más populares de ese entonces se difundió a través de medios principalmente cristianos. Sin embargo, el día de hoy nos encontramos con lecturas de parte de algunos grupos cristianos muy lejanas de las delirantes historias que contaba Josue Yrion a fines de la última década del siglo pasado. Hoy se reconoce desde los círculos protestantes del cristianismo que el anime es un fenómeno cultural que en Japón se da con suma fuerza y que se ha exportado con mucho éxito a otros países del orbe. No obstante, relacionan este fenómeno con el sentimiento de un amplio espectro de personas en el país del sol naciente con una sociedad sumamente orgullosa y paternalista. En pocas palabras, una droga reflejada en dibujos e historias que permiten al japonés escapar de esa estructura social que puede ahogar a un número no menos importante de ciudadanos de ese imperio. De ahí según lo que comentan estos grupos cristianos, se derivan la gran cantidad de sentimientos negativos que nacen de algunas historias y que pueden tener impacto sobre la personalidad tanto de un niño como de un adolescente.

Si bien esta lectura es mucho más creíble y seria respecto a otras bastante hilarantes que se pueden encontrar, incluso respecto al ya citado pastor, hay cosas que no dejan de ser ciertas dentro de la analogía de un ciudadano japonés. Japón es uno de los países con la tasa de suicidios más alta a nivel mundial, y varios de estos factores vienen de la mano tanto con un sistema familiar bastante rígido y paternalista, como de un sistema educativo altamente exigente y en algunos casos intolerable para a gran cantidad de adolescentes/jóvenes incorporados en él. De ahí que el temor de parte de algunos padres de algunos grupos religiosos que bajo diversos planos también suelen ser bastante rígidos desde la lógica occidental considerando que las estructuras familiares en ciertos casos giran en torno a una creencia religiosa de turno.

Pero esta situación es cada vez más global: Los sistemas democráticos en el mundo están haciendo crisis producto de los diversos casos de corrupción que han salpicado a múltiples gobiernos y/o entidades políticas. Las iglesias basadas en las creencias judeocristianas de occidente viven la peor crisis de su historia, proveniente principalmente de escándalos de tipo sexual o de abuso de poder. Al parecer, la crisis económica de hace ocho años atrás vino junto con una crisis moral que ha provocado todo tipo de cuestionamientos a las instituciones religiosas que han visto como las personas cada vez más han mostrado su desafección a estas. Quizás ahí tenemos una causal que ha servido de llave para demostrar cierta “tolerancia” de parte de algunos grupos religiosos a los “hobbys” provenientes de oriente, pero, el camino para lograrlo resulta ser aún largo.

¿Qué podemos concluir de este relato?

Si bien el día de hoy hemos dado una pincelada a este controvertido tema, el debate al día de hoy en torno a este conflicto existente entre nuestro entretenimiento favorito y las creencias religiosas occidentales ha ganado mucha más seriedad respecto a lo visto hace ya veinte años atrás en donde la mayoría de los argumentos en contra se basaban en ideas falsas o poco serias. Hoy en día existe mucho más tolerancia dentro de algunos círculos a la denominada por muchos “cultura otaku”, y el interés de los medios de comunicación sobre aquellas series consideradas como emblemáticas es algo que logré caracterizar en mi última columna.

Si hacemos el análisis inverso, los orientales se han mostrado interesados en recrear diversas historias provenientes de occidente producto de su rica literatura; algo que desde luego se vio reflejado en el bloque World Masterpiece Theater. Sin embargo, en lo que respecta a la cultura religiosa judeocristiana, han existido múltiples obras llevadas a la animación japonesa, tal es el caso del “Superlibro”, producido por Tatsunoko (ver video mas abajo) o “La Biblia” en la versión de Osamu Tezuka, obras que desde luego se han hecho conocidas en este lado del mundo. Sin embargo, para los grupos más integristas del cristianismo, esto no resulta ser suficiente.


Más allá de lo que se diga o se encuentre por la red, es cierto que aún queda mucho camino para integrar los gustos de un gran grupo de seguidores de la animación japonesa, manga u otro subgénero derivado de estas últimas a un estricto régimen conservador como el que impera en América Latina. En definitiva, el anime y la fe aún tienen un largo camino para que convivan juntos. Por ahora, solo hay pequeños acercamientos y proyectos que los han logrado integrar de manera un poquito más cercana.

Nos vemos en otra ocasión.